Y así recordaron los vampiros, en la isla de Bahrein las fiestas paganas, en donde los brujos y hechizeros hacían uso de su poder ocultista, donde los sacrificios no faltaban y la sangre era abundante, cada mago estimulado con sus formas y rituales. Otras noches de ceremonias sacrilegas en templos donde los sacerdotes oscuros hacían la misa negra, el altar estaba compuesto por una mujer desnuda. En cada uno de sus puños cerrados, la mujer sostenía una vela negra. Una cruz invertida colgaba sobre el altar y hostias triangulares. Se hacía una invocación a Santán y varios demonios, la cual era seguida por una serie de salmos cantados al revés. Toda la ceremonia tenía lugar dentro de un pentágrama "protector" trazado en el suelo. Las ultimas juergas que compartieron fueron los carnavales donde las calles se llenan de disfraces, juegos, donde se desenfrenaban los deseos de carne y sexo, todo estaba permitido en Carnaval.
Zuhair determino que tenia que marcharse, así se despidieron hasta un nuevo encuentro.
El vampiro Diagu opto por ir a tomar un paseo por la cuidad, empezó a caminar por las calles, estas no estaban tan vacías porque era una velada calurosa, siguió caminando hasta que se detuvo al sentir un aroma que era familiar, ahí estaba yo sentada en la rambla fumando un cigarrillo, al ver pasar una sombra levante la mirada, lo vi y no pude dejar de mirarlo, su magia me hechizo, quede atrapada en en ese instante por un momento, el estaba leyendo mi mente, me sonrió y continuo.
Regrese a casa, me desvestí y me puse el camison rojo, apoye la cabeza en mi almohada para descansar pero no podía tenia inquietud de saber quien era ese cautivador caballero. Un aliento empezó a recorrer mi espalda, una suave brisa me iba desnudando lentamente, unos finos dedos acariciaban mi cuerpo, no podía resistirme, mis deseos de ser amada eran mas fuertes que yo. Como si el hubiera leído mis pensamientos, se adueño de mi, sentí sensaciones de placer, el encuentro fue carnalmente apasionado, estábamos envueltos en llamas, gemidos... hasta que el desgarro mis senos con su boca salvaje y un grito retumba en la habitación, era yo gritando sentada en mi cama con la luz del amanecer alumbrando mi cara.






